Los Abogados Mediáticos y los valores

En toda reunión social en la que un abogado penalista participa, se le pregunta insistentemente sobre sus posiciones éticas frente al contacto con el mundo del delito. La misma situación se repite cuando los letrados comúnmente llamados “mediáticos” participan en algún programa de radio o T.V. Muchos colegas, para llamar la atención, provocar y/o en una especie de llamado “masivo” a potenciales clientes, alardean de falta de límites éticos en la defensa de los mismos.

De tal forma, estos colegas logran conmover a la audiencia, que se pregunta impávida cómo una persona se puede colocarse tan fácilmente en una posición más allá de los valores dominantes y aceptados. Estos abogados “mediáticos” –fogoneados por los entrevistadores de turno- comúnmente cierran su exposición alardeando de lo excesivamente onerosos de sus honorarios profesionales. De alguna manera, esos honorarios exorbitantes justificarían que ellos no tengan límites éticos. Ese es el speech que se repite una y otra vez.

Se debe reconocer que en muchos casos, estos abogados mediáticos, han tenido mucho éxito económico, sin perjuicio de algunos sofocones (abogados detenidos temporalmente por distintos motivos: hostigar testigos, falsificar prueba, etc).  Este éxito de los abogados mediáticos nos tendría que mover a la reflexión sobre nuestros valores como sociedad y pensar sobre qué buscamos en nuestro abogado.

Cómo ya fuera señalado en otro artículo, en los últimos años se ha producido una exitosa mimesis entre los abogados y los delincuentes. A tal punto ello es cierto, que en alguno de los juicios orales en que he participado los jueces confunden a los delincuentes con los abogados y viceversa, dado que los delincuentes en muchos casos estaban mejor vestidos y tenían mejores modales que los letrados.

Con la prevalencia de los valores de “barra-brava”, “cultura del aguante” y otras modalidades marginales, estos letrados atraen como un imán al ambiente de la delincuencia por la lógica empatía producida. Por otro lado, el éxito económico que estos abogados tienen, atrae a los incautos que habitualmente asocian la ostentación y la manifestación de riqueza con la solvencia profesional.

Extraña paradoja: se busca a un médico por reconocimiento profesional pero a los abogados por su riqueza u ostentación. Alguien sabe qué auto tenia Favaloro u otro premio Nobel?.  En el mismo orden de ideas, se busca un abogado porque tiene “calle” (casi parece un delincuente) y/o es “vivo”, pero obviamente nadie se operaría el corazón con un “vivo”.

En una sociedad con una crisis de valores latente, resulta difícil disociar la solvencia profesional con el éxito económico. Recordemos, que el éxito económico se puede deber a múltiples factores y muchos de ellos no son particularmente “interesantes” para un cliente, o por lo menos no deberían serlo .

Por lo demás, se verifica un extraño fenómeno: mientras en EE.UU, por ejemplo, los abogados se cotizan en función de los éxitos obtenidos, es decir por los resultados concretos, en la Argentina se puede ser “prestigioso” y famoso pese a haber sufrido resonantes reveses judiciales o haber perjudicado gravósamente al cliente. Mientras en EE.UU se sacralizan los hechos, en Argentina se sacraliza la imagen y la ensoñación que ella produce. Así tenemos famosos abogados cuyos clientes son condenados con penas altísimas, es decir que el resultado es el mismo que si se hubiera defendido por un Defensor Oficial o peor. Repase el lector mentalmente el listado de los letrados mediáticos y luego piense en el destino del cliente.

 Pero volviendo al tema de los valores y a los abogados que se colocan “más allá del bien y del mal”, el mismo dilema existencial se recrea en el drama de Rodión Raskólnikov el personaje central de “Crimen y Castigo” de Fiódor Dostoievski

Es motivo de antigua reflexión filosófica, la posibilidad de que el hombre se mantenga fuera del alcance de los valores dominantes sin sufrir ninguna consecuencia.  El planteo filosófico alcanza tanto al plano interno como a la exteriorización a través de la acción. Es decir, si se puede cometer una  acción disvaliosa y no padecer sanción alguna o si se puede sostener internamente  y por largo tiempo valores disruptivos y estar “más allá” de lo que la sociedad piensa y siente.

Recordemos que Rodión Raskólnikov, un estudiante ruso que jugaba con la ideas de Friedrich Nietzsche, buscaba probar si podía cometer un asesinato desapasionado e inmotivado, a sangre fría y mantenerse fuera del remordimiento o del arrepentimiento así como del juzgamiento de la sociedad.  Personificando al Superhombre de Nietzsche.

Los abogados mediáticos, sin saberlo, coquetean inconscientemente con esa idea. A veces la matizan diciendo que una cosa es la profesión y otra el “hombre”, como si existiera la posibilidad de “actuar” la profesión sin que afecte la vida personal.

Todos saben cómo terminó Rodión Raskólnikov será así el final de los “abogados mediáticos”?

Dr. Eduardo Terzian.

 

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